Empresas que vivieron gran esplendor, pero no supieron sortear desafíos competitivos, hoy están desaparecidas. Otras, que por décadas se habían mantenido en una posición buena dentro de su mercado, de pronto dieron el gran salto para convertirse en jugadores mundiales. Los ejemplos sobran.
Las pugnas generacionales se dan en todos los ámbitos y los negocios no son la excepción.
Hace poco me tocó presenciar una discusión entre hombres de empresa cuyas edades eran tan dispares como su forma de ver las cosas.
En particular, me llamó poderosamente la atención lo que dijo uno de ellos sobre el tema de la capacitación. Su punto era que los programas de este tipo, lejos de poner a los empleados al día en sus áreas de competencia, constituían un peligro inminente para la viabilidad del negocio.
Si el empleado se capacita, decía (palabras más, palabras menos) el hombre de unos 60 años, al rato sabrá más que el dueño, pondrá su propia empresa y se convertirá en su competidor.
Otro emprendedor, 30 años más joven, reflexionaba que debido al alto nivel de competitividad que dictan los tiempos actuales, las empresas deben concentrar fuerzas en las áreas de su especialidad, dejando el resto, es decir cosas como administración o informática, a los proveedores externos (outsourcing).
El hombre mayor increpaba que tener demasiada gente externa tan cerca de los números e información clave del negocio seguía siendo muy riesgoso. “Es como tener un Alien en la empresa”, manifestó.
No puedo decir quién de los dos tenía la razón, pues ambos parecían haber sido igualmente exitosos en su trayectoria empresarial.
La única reflexión que me queda de aquella plática es que para los negocios no hay reglas.
Las necesidades de cada compañía son peculiares, no sólo por su número de empleados, giro o volumen de ventas, sino también por la forma de pensar de quienes la dirigen.
Una visión gerencial puede variar de un polo a otro según el perfil de un directivo (lo que no necesariamente tiene que ver con la edad).
Así que muchas veces nos sorprenderá gratamente toparnos con señores de edad que pese a sumar un gran abanico de éxitos y experiencia, siempre están abiertos a conocer e instrumentar esquemas innovadores; o bien, jóvenes que heredan negocios y al replicar los consejos del padre, se van a la quiebra porque no supieron reaccionar a los nuevos entornos. También nos encontraremos, claro está, con las antítesis de ambos casos.
Empresas que vivieron gran esplendor, pero no supieron sortear desafíos competitivos, hoy están desaparecidas. ¿Se acuerda usted de Canadá o de Dina? Otras, que por décadas se habían mantenido en una posición buena dentro de su mercado, de pronto dieron el gran salto para convertirse en jugadores mundiales, como Cemex. Los ejemplos nos sobran.
Hasta cierto punto, la renuencia de algunos empresarios al cambio tiene razón de ser.
Basta recordar lo que pasó con la efervescencia del Internet hace cuatro años y medio. En aquel entonces, veíamos surgir un gran número de empresas y proyectos que, basados en la red de redes, prometían ser la solución a todos los problemas de las empresas. Conceptos como el eProcurement (abasto electrónico), eMarketplace (mercado electrónico), B2B (negocio a negocio), B2C (negocio a consumidor) fueron acuñados para identificar esta revolución.
Hoy, lamentablemente, muy pocos de aquellos proyectos sobreviven y éstos son solamente los que desde un principio fueron concebidos con viabilidad y lejos de la euforia e ilusiones ópticas de los tiempos.
Para ejemplo está Mercadolibre.com, que luego de atravesar por vicisitudes financieras y estar incluso en riesgo de quiebra, hoy se erige como uno de los portales de Internet más exitosos.
Actualmente es la página de compra y venta de productos más visitada del país, habiendo sido el año pasado plataforma para la ejecución de transacciones por $270 millones de dólares aquí y en Latinoamérica.
Incluso, hoy el portal es el sexto más visitado en la región, por debajo de gigantes como T1MSN, Yahoo, Google, Terra y Wanadoo, teniendo más de un millón de visitas mensuales y 150,000 artículos a la venta, según se reportó la semana pasada.
El punto es que, como en todo, un buen empresario es una persona con olfato, que sabe cuándo hay que cambiar, instrumentar un nuevo proceso y qué cosas siempre hay debe conservar o de plano desechar del negocio.
Pero esto es algo que sólo el timonel lo puede saber. No existe una fórmula que al aplicarse siempre resultará exitosa.
Ese es el secreto mejor guardado de quienes han sabido alcanzar el éxito empresarial.
perezlince@mac.com
jueves, 15 de noviembre de 2007
Bar Nueva Luna, Monterrey, Nuevo León, reseña
La gente que conoce el Nueva Luna, suele identificarlo como uno de los bares más típicos del Barrio Antiguo. La diversión nocturna es hasta ahora la referencia para el lugar ubicado en la esquina de Dr. Coss y Padre Mier. Pero sus propietarios, Francis y Leo, decidieron darle vida desde más temprano. Y no lo hicieron ampliando el horario de los grupos de pop que tocan rolas 60s, 70s y 80s para consumidores de más de 25 años varias noches a la semana. Simplemente, decidieron funcionar como restaurant a partir de las 12:00 horas. Nueva Luna es un lugar frecuentado igual por turistas (nacionales y extranjeros) que por locales. Al estar ubicado en el corazón de la zona turística, ofrece una cocina internacional que combina algo de los tradicionales bares snack americanos tipo Applebee's o Chili's, pero en una versión más tropicalizada, que incluye en su menú la tradicional arrachera y los imperdonables totopos acompañados de salsa verde. Para abrir apetito está la crema de brócoli, que el cheff Miguel Nicasio Martínez decora con crema ácida. También destacan en las entradas los champiñones al ajillo. Y para aquellos que gustan de cosas más ligeras, están la Grill chicken salad y la Crispy chicken salad, que son las versiones de ensaladas con pollo a la parrilla y empanizado respectivamente. Se sirven en una concha de buñuelo sobre una cama de lechuga y complementadas con rebanadas de queso suizo, rollos de jamón, guacamole, tomate y crema ácida. Existe una versión similar que incluye en lugar de pollo fajitas de res, para los amantes incondicionales de la carne. Pero lo atractivo del menú son los platillos fuertes y entre ellos destacan los camarones rellenos al chipotle, que tienen la peculiaridad de ser el platillo más laborioso, aunque no el más tardado en ser servido. Los camarones se pelan y rellenan con queso chihuahua para ser envueltos en tocino y preparados a la plancha. Se sirven en una cama de arroz y se bañan en una salsa de chipotle para colocarse en la mesa del comensal acompañados de brócoli y una ensalada de lechuga. Otra de las estrellas culinarias del lugar es el pescado empapelado. Esta delicia se prepara con filete de mero envasado en papel aluminio que es embarrado previamente con mantequilla. Se agrega sazonador, camarón coctelero, pico de gallo y se guisa envuelto y a la plancha. El placer comienza desde que el mesero corta el aluminio para dejar escapar el suave olor del guiso. Para cerrar bien la tarde, quienes son afectos a los postres podrán darse gusto con una de las raras especialidades del lugar, la nieve frita. Si bien de entrada suena como a algo que no combina, en realidad se trata de una bola de nieve envuelta en una cubierta hecha a base de galletas Marías. La combinación es realmente afortunada y nadie que aprecie los buenos postres debe perdérsela. El Nueva Luna abre todos los días de 12:00 a 2:00 horas, y las bandas tocan entre miércoles y sábado. El lugar cuenta con dos áreas, una que da a la calle de Dr. Coss, que es restaurant y bar y otra por la que se entra desde Padre Mier y que es solamente bar, aunque también se sirven botanas. De hecho, una de las recomendaciones para quienes van al área de bar es la botana Nueva Luna, que incluye quesadillas, nachos, jamón, queso fresco, dedos de queso, salchichas rellenas de queso amarillo y envueltas en tocino, así como chiles jalapeños, barritas de apio y zanahoria. Una opción verdaderamente colosal, recomendable para dos personas o más. En la parte nocturna, quizá lo que más destaca del bar son sus margaritas, que se sirven en 26 variantes y según Francis Jaimes son únicas. Sólo la máquina con la que se fabrica el hielo frappé cuesta $20,000 dólares, pero además algunos de los ingredientes son secretos y no los conocen ni los meseros. Francis misma se asegura de traerlos desde Texas, donde ella y su esposo operan otros dos restaurantes.
¿Qué consumen los creativos mexicanos?
La publicidad es parte de nuestras vidas... nos guste o no. Nos tropezamos con ella cuando navegamos en Internet, cuando conducimos nuestro auto o cuando vemos la tele o escuchamos el radio.
A veces nos molesta, otras tantas nos cautiva y muchas más nos estimula a comprar algo.
¿Te has preguntado alguna vez quién está atrás de esos anuncios con que somos bombardeados todos los días?
Una encuesta reciente rebeló ¿qué consumen los creativos de la publicidad? Es decir, ¿qué consumen las personas que tienen como trabajo el de invitarnos a los demás a consumir?
Los resultados fueron interesantes. En el ejercicio en que sólo participaron creativos y directores creativos de las principales agencias de publicidad mexicanas, resultó que la mitad acostumbra tomar Coca Cola durante el trabajo, contra un 48% que prefiere el agua en diversas marcas y un pobre dos por ciento que es afecto al café.
También se descubrió que al 44% le gusta la cerveza y que su marca preferida es la Sol, así como que el 22% prefiere tomar tequila después del trabajo.
En general, son bastante dados a la diversión. De todos los encuestados, sólo un 12% declaró no preferir una bebida alcohólica al salir de la oficina.
El rubro de entretenimiento reveló también las aversiones de los ceativos. Muchos de ellos declararon que lo que más odian de la televisión eran las telenovelas y los reality shows.
En cambio, la serie favorita de la pantalla chica resultó la serie de dibujos animados Los Simpsons.
Se supo que a más de una tercera parte les gusta la comida rápida de McDonald‘s, que no pueden vivir sin su laptop y que su marca de ropa favorita es gap.
Detrás de un espectacular, un banner o un comercial siempre hay alguien que se parece mucho a uno mismo.
A veces nos molesta, otras tantas nos cautiva y muchas más nos estimula a comprar algo.
¿Te has preguntado alguna vez quién está atrás de esos anuncios con que somos bombardeados todos los días?
Una encuesta reciente rebeló ¿qué consumen los creativos de la publicidad? Es decir, ¿qué consumen las personas que tienen como trabajo el de invitarnos a los demás a consumir?
Los resultados fueron interesantes. En el ejercicio en que sólo participaron creativos y directores creativos de las principales agencias de publicidad mexicanas, resultó que la mitad acostumbra tomar Coca Cola durante el trabajo, contra un 48% que prefiere el agua en diversas marcas y un pobre dos por ciento que es afecto al café.
También se descubrió que al 44% le gusta la cerveza y que su marca preferida es la Sol, así como que el 22% prefiere tomar tequila después del trabajo.
En general, son bastante dados a la diversión. De todos los encuestados, sólo un 12% declaró no preferir una bebida alcohólica al salir de la oficina.
El rubro de entretenimiento reveló también las aversiones de los ceativos. Muchos de ellos declararon que lo que más odian de la televisión eran las telenovelas y los reality shows.
En cambio, la serie favorita de la pantalla chica resultó la serie de dibujos animados Los Simpsons.
Se supo que a más de una tercera parte les gusta la comida rápida de McDonald‘s, que no pueden vivir sin su laptop y que su marca de ropa favorita es gap.
Detrás de un espectacular, un banner o un comercial siempre hay alguien que se parece mucho a uno mismo.
Edificios enfermos, una amenaza latente
Hace unas décadas los Legionarios de Cristo estaban celebrando un encuentro en Filadelfia.
Mientras un ministro ocupaba la tribuna, entre el público, uno de los asistentes comenzó a sufrir una crisis de asfixia.
Poco después, el mismo problema se manifestó en varias personas más, quienes acabarían en el hospital con episodios de sofocación, mareos y vómitos.
El incidente puso en alerta a las autoridades médicas y policíacas de Filadelfia, que al investigar descubrieron que el causante de tanto daño había sido una bacteria microscópica.
El organismo se había cultivado en las paredes del hotel del encuentro y se coló a la sala de conferencias a través de los ductos del aire acondicionado.
La muerte de uno de los legionarios, puso en la lista de preocupaciones un problema bastante generalizado en nuestros días: los edificios enfermos.
Los ductos de ventilación son un peligro potencial en el 30% de los edificios con sistemas de aire acondicionado y en todos aquellos que no lo tienen.
Son el caldo de cultivo para toda variedad de parientes de la bacteria que puso en aprietos a los legionarios, a la que, por cierto, acabarían bautizando como la legionella.
Si un espacio de trabajo está situado dentro de un edificio enfermo, el contagio puede afectar gravemente la productividad, según lo establece la propia Organización Mundial de la Salud.
Los problemas van desde dolores de cabeza, irritación de ojos, nariz y garganta, dificultades para respirar, fatiga y sonmolencia, hasta anormalidades en la piel, problemas para mantener la concentración o incluso alteraciones de la conducta.
Como toda enfermedad, la de los edificios también tiene cura. Hay que limpiar y renovar los sistemas de ventilación y en México hay 3,600 empresas que se dedican a ello.
Mientras un ministro ocupaba la tribuna, entre el público, uno de los asistentes comenzó a sufrir una crisis de asfixia.
Poco después, el mismo problema se manifestó en varias personas más, quienes acabarían en el hospital con episodios de sofocación, mareos y vómitos.
El incidente puso en alerta a las autoridades médicas y policíacas de Filadelfia, que al investigar descubrieron que el causante de tanto daño había sido una bacteria microscópica.
El organismo se había cultivado en las paredes del hotel del encuentro y se coló a la sala de conferencias a través de los ductos del aire acondicionado.
La muerte de uno de los legionarios, puso en la lista de preocupaciones un problema bastante generalizado en nuestros días: los edificios enfermos.
Los ductos de ventilación son un peligro potencial en el 30% de los edificios con sistemas de aire acondicionado y en todos aquellos que no lo tienen.
Son el caldo de cultivo para toda variedad de parientes de la bacteria que puso en aprietos a los legionarios, a la que, por cierto, acabarían bautizando como la legionella.
Si un espacio de trabajo está situado dentro de un edificio enfermo, el contagio puede afectar gravemente la productividad, según lo establece la propia Organización Mundial de la Salud.
Los problemas van desde dolores de cabeza, irritación de ojos, nariz y garganta, dificultades para respirar, fatiga y sonmolencia, hasta anormalidades en la piel, problemas para mantener la concentración o incluso alteraciones de la conducta.
Como toda enfermedad, la de los edificios también tiene cura. Hay que limpiar y renovar los sistemas de ventilación y en México hay 3,600 empresas que se dedican a ello.
Máquinas tragamonedas: negocio que funciona solo
Una oportunidad de negocio puede pasar por nuestra nariz sin darnos cuenta. Pablo Moroso no es uno de ellos. Este argentino radicado en México descubrió que las máquinas tragamonedas, además de sencillitas de operar, representaban un negocio redituable.
Tras 15 años de trabajar en una firma tecnológica, un buen día Pablo compró en $5,000 pesos una máquina tragamonedas que despachaba pelotas de plástico. En un mes, la máquina ya le había devuelto la mitad de la inversión y comenzó a invertir en más máquinas. Año y medio, cuando ya tenía 20, renunció a su trabajo.
Hoy, Pablo es presidente del Grupo Corporativo Gyp’s Fun Balls, que opera en sociedad con una firma estadounidense y es propietario de cientos de máquinas.
Empresarios del sector explican que, descontando la cuota del tendero y el producto que comercializan, las máquinas tragamonedas pueden generar entre $800 y $1,000 pesos libres de polvo y paja al mes.
Aseguran que las máquinas son ideales para quienes buscan ingresos sanos con poco esfuerzo.
El negocio de las vending machines, como se les conoce por sus orígenes en Estados Unidos, no necesita de experiencia, ni de un local comercial y tampoco una base de empleados. Es más, ni siquiera es necesaria la presencia del empresario, sólo una vez al mes para recoger las ganancias.
Y lo mejor de todo, representan una actividad totalmente libre de impuestos, amén de que el propietario siempre lleva un control fidedigno de los ingresos.
Estudios de la empresa U Turn, que también opera máquinas tragamonedas, establecen que quienes entran al negocio lo hacen siempre como una alternativa de medio tiempo y al cabo de un año la mayoría le dedica el 100 por ciento.
El menú de opciones es bastante amplio. También hay máquinas interactivas, como los videojuegos que cuestan 12,000 pesos y pueden generar ganancias mensuales de hasta 3,000 pesos.
Por donde se les vea, las máquinas tragamonedas son un negocio de pesos.
Tras 15 años de trabajar en una firma tecnológica, un buen día Pablo compró en $5,000 pesos una máquina tragamonedas que despachaba pelotas de plástico. En un mes, la máquina ya le había devuelto la mitad de la inversión y comenzó a invertir en más máquinas. Año y medio, cuando ya tenía 20, renunció a su trabajo.
Hoy, Pablo es presidente del Grupo Corporativo Gyp’s Fun Balls, que opera en sociedad con una firma estadounidense y es propietario de cientos de máquinas.
Empresarios del sector explican que, descontando la cuota del tendero y el producto que comercializan, las máquinas tragamonedas pueden generar entre $800 y $1,000 pesos libres de polvo y paja al mes.
Aseguran que las máquinas son ideales para quienes buscan ingresos sanos con poco esfuerzo.
El negocio de las vending machines, como se les conoce por sus orígenes en Estados Unidos, no necesita de experiencia, ni de un local comercial y tampoco una base de empleados. Es más, ni siquiera es necesaria la presencia del empresario, sólo una vez al mes para recoger las ganancias.
Y lo mejor de todo, representan una actividad totalmente libre de impuestos, amén de que el propietario siempre lleva un control fidedigno de los ingresos.
Estudios de la empresa U Turn, que también opera máquinas tragamonedas, establecen que quienes entran al negocio lo hacen siempre como una alternativa de medio tiempo y al cabo de un año la mayoría le dedica el 100 por ciento.
El menú de opciones es bastante amplio. También hay máquinas interactivas, como los videojuegos que cuestan 12,000 pesos y pueden generar ganancias mensuales de hasta 3,000 pesos.
Por donde se les vea, las máquinas tragamonedas son un negocio de pesos.
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