jueves, 15 de noviembre de 2007

Del esplendor al ocaso empresarial

Empresas que vivieron gran esplendor, pero no supieron sortear desafíos competitivos, hoy están desaparecidas. Otras, que por décadas se habían mantenido en una posición buena dentro de su mercado, de pronto dieron el gran salto para convertirse en jugadores mundiales. Los ejemplos sobran.
Las pugnas generacionales se dan en todos los ámbitos y los negocios no son la excepción.
Hace poco me tocó presenciar una discusión entre hombres de empresa cuyas edades eran tan dispares como su forma de ver las cosas.
En particular, me llamó poderosamente la atención lo que dijo uno de ellos sobre el tema de la capacitación. Su punto era que los programas de este tipo, lejos de poner a los empleados al día en sus áreas de competencia, constituían un peligro inminente para la viabilidad del negocio.
Si el empleado se capacita, decía (palabras más, palabras menos) el hombre de unos 60 años, al rato sabrá más que el dueño, pondrá su propia empresa y se convertirá en su competidor.
Otro emprendedor, 30 años más joven, reflexionaba que debido al alto nivel de competitividad que dictan los tiempos actuales, las empresas deben concentrar fuerzas en las áreas de su especialidad, dejando el resto, es decir cosas como administración o informática, a los proveedores externos (outsourcing).
El hombre mayor increpaba que tener demasiada gente externa tan cerca de los números e información clave del negocio seguía siendo muy riesgoso. “Es como tener un Alien en la empresa”, manifestó.
No puedo decir quién de los dos tenía la razón, pues ambos parecían haber sido igualmente exitosos en su trayectoria empresarial.
La única reflexión que me queda de aquella plática es que para los negocios no hay reglas.
Las necesidades de cada compañía son peculiares, no sólo por su número de empleados, giro o volumen de ventas, sino también por la forma de pensar de quienes la dirigen.
Una visión gerencial puede variar de un polo a otro según el perfil de un directivo (lo que no necesariamente tiene que ver con la edad).
Así que muchas veces nos sorprenderá gratamente toparnos con señores de edad que pese a sumar un gran abanico de éxitos y experiencia, siempre están abiertos a conocer e instrumentar esquemas innovadores; o bien, jóvenes que heredan negocios y al replicar los consejos del padre, se van a la quiebra porque no supieron reaccionar a los nuevos entornos. También nos encontraremos, claro está, con las antítesis de ambos casos.
Empresas que vivieron gran esplendor, pero no supieron sortear desafíos competitivos, hoy están desaparecidas. ¿Se acuerda usted de Canadá o de Dina? Otras, que por décadas se habían mantenido en una posición buena dentro de su mercado, de pronto dieron el gran salto para convertirse en jugadores mundiales, como Cemex. Los ejemplos nos sobran.
Hasta cierto punto, la renuencia de algunos empresarios al cambio tiene razón de ser.
Basta recordar lo que pasó con la efervescencia del Internet hace cuatro años y medio. En aquel entonces, veíamos surgir un gran número de empresas y proyectos que, basados en la red de redes, prometían ser la solución a todos los problemas de las empresas. Conceptos como el eProcurement (abasto electrónico), eMarketplace (mercado electrónico), B2B (negocio a negocio), B2C (negocio a consumidor) fueron acuñados para identificar esta revolución.
Hoy, lamentablemente, muy pocos de aquellos proyectos sobreviven y éstos son solamente los que desde un principio fueron concebidos con viabilidad y lejos de la euforia e ilusiones ópticas de los tiempos.
Para ejemplo está Mercadolibre.com, que luego de atravesar por vicisitudes financieras y estar incluso en riesgo de quiebra, hoy se erige como uno de los portales de Internet más exitosos.
Actualmente es la página de compra y venta de productos más visitada del país, habiendo sido el año pasado plataforma para la ejecución de transacciones por $270 millones de dólares aquí y en Latinoamérica.
Incluso, hoy el portal es el sexto más visitado en la región, por debajo de gigantes como T1MSN, Yahoo, Google, Terra y Wanadoo, teniendo más de un millón de visitas mensuales y 150,000 artículos a la venta, según se reportó la semana pasada.
El punto es que, como en todo, un buen empresario es una persona con olfato, que sabe cuándo hay que cambiar, instrumentar un nuevo proceso y qué cosas siempre hay debe conservar o de plano desechar del negocio.
Pero esto es algo que sólo el timonel lo puede saber. No existe una fórmula que al aplicarse siempre resultará exitosa.
Ese es el secreto mejor guardado de quienes han sabido alcanzar el éxito empresarial.
perezlince@mac.com

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