Una oportunidad de negocio puede pasar por nuestra nariz sin darnos cuenta. Pablo Moroso no es uno de ellos. Este argentino radicado en México descubrió que las máquinas tragamonedas, además de sencillitas de operar, representaban un negocio redituable.
Tras 15 años de trabajar en una firma tecnológica, un buen día Pablo compró en $5,000 pesos una máquina tragamonedas que despachaba pelotas de plástico. En un mes, la máquina ya le había devuelto la mitad de la inversión y comenzó a invertir en más máquinas. Año y medio, cuando ya tenía 20, renunció a su trabajo.
Hoy, Pablo es presidente del Grupo Corporativo Gyp’s Fun Balls, que opera en sociedad con una firma estadounidense y es propietario de cientos de máquinas.
Empresarios del sector explican que, descontando la cuota del tendero y el producto que comercializan, las máquinas tragamonedas pueden generar entre $800 y $1,000 pesos libres de polvo y paja al mes.
Aseguran que las máquinas son ideales para quienes buscan ingresos sanos con poco esfuerzo.
El negocio de las vending machines, como se les conoce por sus orígenes en Estados Unidos, no necesita de experiencia, ni de un local comercial y tampoco una base de empleados. Es más, ni siquiera es necesaria la presencia del empresario, sólo una vez al mes para recoger las ganancias.
Y lo mejor de todo, representan una actividad totalmente libre de impuestos, amén de que el propietario siempre lleva un control fidedigno de los ingresos.
Estudios de la empresa U Turn, que también opera máquinas tragamonedas, establecen que quienes entran al negocio lo hacen siempre como una alternativa de medio tiempo y al cabo de un año la mayoría le dedica el 100 por ciento.
El menú de opciones es bastante amplio. También hay máquinas interactivas, como los videojuegos que cuestan 12,000 pesos y pueden generar ganancias mensuales de hasta 3,000 pesos.
Por donde se les vea, las máquinas tragamonedas son un negocio de pesos.
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